Instructions to forgive
A poem by Cesar Verrier
First, remember. It is a painful task.
Be gentle with yourself.
Write down your recollections.
You can’t forgive what you refuse to remember.
Start your excursion into memory
before you were so cruelly treated.
Recapture what your life was like then
and what you were like, too.
Reconstruct whatever relationship existed between you
and that person before rage blurred your vision.
Once you have retrieved the happier past,
let yourself relive the injury in all its painful detail.
Then review the consequences.
Take careful inventory of the losses
you may not have named before.
Unleash your gift of insight:
try to understand why things happened as they did.
Probe the personalities involved, yourself included.
You may discover that you yourself contributed
to the course of events.
Don’t fall into the trap of making excuses for yourself.
Be willing to try to forgive yourself as well.
Don’t feel obliged to make excuses
for the person who hurt you, either.
Just try to the best of your ability to understand
what was happening inside the offender.
Do you really want to forgive?
Something in the human heart loves dark feelings.
Something in the human heart wants justice.
Some things don’t, in decent human terms, deserve forgiveness.
Forgiving is not something you do for someone else.
Forgiving is something you do for yourself.
You need to forgive
so that you can move forward with life.
Forgiveness is your ticket to freedom.
Let go the bitter feeling you have nursed
like a hungry child so long.
Try praying for your enemy.
One day you may find yourself really wishing well
to the person who hurt you,
or suddenly realize
that you haven’t thought of the old injury for weeks.
Then you will know you have reached the journey’s end.
Forgiving can be a long road indeed,
but at its end lies freedom
to leave behind that heavy burden.
Instrucciones para perdonar
Primero, recordá. Es una tarea dolorosa.
Sé gentil con vos mismo.
Escribí tus recuerdos.
No podés perdonar lo que rechazás recordar.
Empezá tu excursión a la memoria
antes de que fueras tratado tal cruelmente.
Reviví cómo era tu vida entonces
y cómo eras vos, también.
Reconstruí la relación que existía entre vos
y aquella persona antes de que la furia nuble tu visión.
Una vez que hayas recobrado el pasado feliz,
permitite revivir la herida con todos sus detalles dolorosos.
Después revisá las consecuencias.
Hacé un cuidadoso inventario de las pérdidas
que no hayas nombrado antes.
Desatá el don de la intuición:
tratá de entender por qué las cosas ocurrieron como lo hicieron.
Verificá las personalidades involucradas, con vos incluido.
Podés descubrir que vos mismo contribuiste
al curso de los sucesos.
No caigas en la trampa de hacer excusas por vos mismo.
Sé capaz de tratar de perdonarte a vos mismo también.
No te sientas obligado a hacer excusas
por la persona que te hirió, tampoco.
Simplemente tratá de entender lo mejor que puedas
qué pasaba dentro de quien te ofendió.
¿Realmente querés perdonar?
Algo en el corazón humano ama los sentimientos oscuros.
Algo en el corazón humano anhela justicia.
Algunas cosas no merecen, en términos humanos decentes, perdón.
Perdonar no es algo que vos hacés por otro.
Perdonar es algo que hacés por vos mismo.
Necesitás perdonar
para que vos puedas moverte hacia adelante en la vida.
Perdonar es tu ticket hacia la libertad.
Dejá ir el sentimiento amargo que alimentaste
como un niño hambriento por tanto tiempo.
Tratá de rezar por tu enemigo.
Un día podés encontrarte realmente deseando lo mejor
para la persona que te hirió,
o darte cuenta repentinamente
que no pensaste en la vieja herida por semanas.
Entonces sabrás que tu viaje ha llegado a su fin.
Perdonar puede ser un largo camino en efecto,
pero al final se encuentra la libertad
de dejar atrás esa pesada carga.